sábado, 4 de enero de 2014

RAUL TUYA RODIGUEZ

POETA ATRAPADO EN SÍLABAS
                Raúl Tuya Rodríguez

*Por: Ken Sánchez

Joven de muy hábiles recursos poéticos se encuentra atrapado en una sílaba de recuerdos, cuando por vez primera encontró la razón de su condena: escribir y, escribir aquellas frases que vuelan desde en más recóndito del cerebro para posarse en una hoja blande de boom y decir nada y todo.
Cuando por vez primera lo vi parado en una esquina robando –quizá- las lágrimas al sol o, quizás las ojeras al día, era un día del mes ya no recuerdo, pasó con un cuaderno al brazo y un lapicero en la boca, iba imaginando otras poesías que estarían guardando aquellos recuerdos de un amada lejana o ausente o tal vez ya olvidado.
Había recorrido varios lugares del Perú con su trabajo de librero, un librero que supo robarle las sílabas a todas palabra que encontraba en su diario hablar; en su puesto de librero, siempre sus ojos posaban en bellas flores que suspenden su un momento sus quehaceres de vendedor parar recorrer su pluma sobre un papel blanco y poblarlo de una hermosa poesía.
Poesía y libro y vendedor se mezclan para hacer una hermosa lira.
Lira de bellas frases que se pierden en el cuaderno.
Cuaderno que se empolva en el armario.
Armario que guarda recuerdos.
Recuerdos que se borran en el tiempo.
Tiempo que todo acabará en el olvido.
Olvido quedará en el olvido.
Van pasando los días en su puesto de trabajo.
Una noche de junio se enamoró en una linda mujer con quien tiene tres hijos, hijo de aquél bendito amor los procrearon para poblar estos campos de Dios, un Dios que se ha olvidado todo desde el principio hasta el fin; nos ha olvidado desde el principio y, sé que ni se acuerda de nosotros que todos los días vamos hacía la cuesta de nuestro calvario castigado por la inmensa indiferencia de las gentes.
Por esta vida en blanco caminamos sin rumbo sin saber a dónde ir de sabemos de dónde venimos ni para venimos, pero hay poetas que sí lo saben qué hacen en esta tierra de dioses falaces y perversos que han venido a quitarnos nuestro pan y, también nuestra agua de moribundo sediento.
Así, iban poblando las páginas de su cuaderno ajado que ni las figuras de la pasta ya se notaban, estaban tan ajados que no recuerda cuando compró dicho cuaderno, solo sabía que contenía sus apuntes de muchos años, años en que anduvo por caminos que el tiempo va borrando como algo que pasó sin dejar huellas ni recuerdos.
Raúl, joven venido desde las alturas del Distrito de Cochapetí, Cochapetí, pueblo de hombres que van por el mundo sembrando de poesía y amores el mundo y, esto poetas caminan por el orbe como gorriones que se mecen del árbol para cantar al hombre de su dolor, de su sufrimiento, de padecimiento y otros vicisitudes que atañe al hombre, uno estos Cochapetinos es Raúl Tuya Rodríguez, un hijo de tierra donde se siembra amor, dicha y felicidad. 



Raúl, poeta que aún se encuentra en el anonimato, pero de una pluma que ha venidero será para el pueblo que la viera nacer, un digno representante de las artes de Cochapeti.
Una noche nos encontramos atrapados en las redes de la poesía que con sus deseos carnosos caminaba la órbita del cerebro para convertirlo en un deseo mortal que carcomía pedazo a pedazo las regiones más sensibles del alma:

         EL DESEO

Me ahogo en los mares de tu cabellera
me pierdo en cada paso que das
quisiera tocar la silueta de tu cuerpo
dibujar las curvas de tus caderas
que como volcán hieren mis venas
me embriago en el aroma de tu cuerpo           
suspiro el aliento de tus besos apasionados
erupciana como volcán y respiro cada poro
de tu piel como desear toda mis fantasías
y estamos hechos de polvo y tierra, agua
o deseo de conjurar tu inocencia de palpar
tu entraña o clamar de amarte y sueño
la delicadeza de tus piernas que se derriten
como el hielo al roce de mis manos
que conjuran el deseo.

En esta vida no todo es alegría si no también, se llena de tristeza y desilusiones que a veces nos inunda como en un mar de mil huracanes van pasando sin dejarnos nada de todo lo que había poblado nuestro corazón se acaba todo como un soplo que de esa nada quedó.

 TRISTEZA

Hoy me siento triste, apagado,
tal vez sea por el amor que tengo,
o es hambre de tus caricias que así,
sin tregua me atosiga.

Amor, entrégame tu piel suave,
reluciente, angelical,
quiero tocarlas con mis manos temblorosas
de miedo, y si logro conquistar tu talle
el corazón se sobrecoge, salto late
según me amas, mi mujer amada.

Abrigado de ti, las noches frías
de invierno se aplacaba,
dimos calor el dulce hogar,
y hubo fuego voraz de besos
en nuestros labios,
hasta ser ceniza de un solo amor.

      

Desperté de éste pequeño letargo y nuevamente me encontré atrapado en las sílabas de tu nombre, en la beldad que suspende mi mente como vaho de recuerdos como borbotones brotan des los poros
de mi ser,
de mi alma,
de mí,
de muy dentro de mí para decirte como por vez primera nos cruzamos por aquella vía despoblada que ahora solo crecen la noche triste de un silencio que vaga en recuerdos.
Atrapados en recuerdos que atormentaban nuestras almas otra vez quedamos atrapados en sílabas de poemas que pueblan las páginas blancas de un cuaderno ajado de buen tiempo que se fueron como aves de invierno en busca de verano.
Aquél verano en que pasamos como dos aves de un solo nido unidos en dulces sueños que todo queda en el tiempo.
      
                       XX

Tu voz es un desmayo de sílabas
que causan el curso de aguas profundas
sobre las que una floja rama deja tal movimiento
de tus palabras sueltos en el viento
pasmadas al caer hojas tras hojas.

Temes al amor como a la muerte,
él es la muerte misma,
por el nacemos y por el morimos
¡oh mujer, es amarga la muerte!
amo al amor, no al amor.

No ser sensual o sentimental,
yo tengo una virtud de sensatez
de formar esos infinitos

en una duración de tus recuerdos.