POETA ATRAPADO EN SÍLABAS
Raúl Tuya Rodríguez
*Por: Ken Sánchez
Joven de muy hábiles
recursos poéticos se encuentra atrapado en una sílaba de recuerdos, cuando por
vez primera encontró la razón de su condena: escribir y, escribir aquellas
frases que vuelan desde en más recóndito del cerebro para posarse en una hoja
blande de boom y decir nada y todo.
Cuando por vez primera lo
vi parado en una esquina robando –quizá- las lágrimas al sol o, quizás las
ojeras al día, era un día del mes ya no recuerdo, pasó con un cuaderno al brazo
y un lapicero en la boca, iba imaginando otras poesías que estarían guardando
aquellos recuerdos de un amada lejana o ausente o tal vez ya olvidado.
Había recorrido varios
lugares del Perú con su trabajo de librero, un librero que supo robarle las
sílabas a todas palabra que encontraba en su diario hablar; en su puesto de
librero, siempre sus ojos posaban en bellas flores que suspenden su un momento
sus quehaceres de vendedor parar recorrer su pluma sobre un papel blanco y
poblarlo de una hermosa poesía.
Poesía y libro y vendedor
se mezclan para hacer una hermosa lira.
Lira de bellas frases que
se pierden en el cuaderno.
Cuaderno que se empolva
en el armario.
Armario que guarda
recuerdos.
Recuerdos que se borran
en el tiempo.
Tiempo que todo acabará
en el olvido.
Olvido quedará en el
olvido.
Van pasando los días en
su puesto de trabajo.
Una noche de junio se
enamoró en una linda mujer con quien tiene tres hijos, hijo de aquél bendito amor los procrearon para poblar estos campos de Dios, un Dios que se ha
olvidado todo desde el principio hasta el fin; nos ha olvidado desde el
principio y, sé que ni se acuerda de nosotros que todos los días vamos hacía la
cuesta de nuestro calvario castigado por la inmensa indiferencia de las gentes.
Por esta vida en blanco
caminamos sin rumbo sin saber a dónde ir de sabemos de dónde venimos ni para
venimos, pero hay poetas que sí lo saben qué hacen en esta tierra de dioses
falaces y perversos que han venido a quitarnos nuestro pan y, también nuestra
agua de moribundo sediento.
Así, iban poblando las
páginas de su cuaderno ajado que ni las figuras de la pasta ya se notaban,
estaban tan ajados que no recuerda cuando compró dicho cuaderno, solo sabía que
contenía sus apuntes de muchos años, años en que anduvo por caminos que el
tiempo va borrando como algo que pasó sin dejar huellas ni recuerdos.
Raúl,
joven venido desde las alturas del Distrito de Cochapetí, Cochapetí, pueblo de
hombres que van por el mundo sembrando de poesía y amores el mundo y, esto
poetas caminan por el orbe como gorriones que se mecen del árbol para cantar al
hombre de su dolor, de su sufrimiento, de padecimiento y otros vicisitudes que
atañe al hombre, uno estos Cochapetinos es Raúl
Tuya Rodríguez, un hijo de tierra donde se siembra amor, dicha y felicidad.
Raúl, poeta que aún se
encuentra en el anonimato, pero de una pluma que ha venidero será para el
pueblo que la viera nacer, un digno representante de las artes de Cochapeti.
Una noche nos encontramos
atrapados en las redes de la poesía que con sus deseos carnosos caminaba la
órbita del cerebro para convertirlo en un deseo mortal que carcomía pedazo a
pedazo las regiones más sensibles del alma:
EL DESEO
Me
ahogo en los mares de tu cabellera
me
pierdo en cada paso que das
quisiera
tocar la silueta de tu cuerpo
dibujar
las curvas de tus caderas
que
como volcán hieren mis venas
me
embriago en el aroma de tu cuerpo
suspiro
el aliento de tus besos apasionados
erupciana
como volcán y respiro cada poro
de
tu piel como desear toda mis fantasías
y
estamos hechos de polvo y tierra, agua
o
deseo de conjurar tu inocencia de palpar
tu
entraña o clamar de amarte y sueño
la
delicadeza de tus piernas que se derriten
como
el hielo al roce de mis manos
que
conjuran el deseo.
En esta vida no todo es alegría si no también,
se llena de tristeza y desilusiones que a veces nos inunda como en un mar de
mil huracanes van pasando sin dejarnos nada de todo lo que había poblado
nuestro corazón se acaba todo como un soplo que de esa nada quedó.
TRISTEZA
Hoy me siento triste,
apagado,
tal vez sea por el amor que tengo,
o es hambre de tus caricias que así,
sin tregua me atosiga.
Amor, entrégame tu piel suave,
reluciente, angelical,
quiero tocarlas con mis manos temblorosas
de miedo, y si logro conquistar tu talle
el corazón se sobrecoge, salto late
según me amas, mi mujer amada.
Abrigado de ti, las noches frías
de invierno se aplacaba,
dimos calor el dulce hogar,
y hubo fuego voraz de besos
en nuestros labios,
hasta ser ceniza de un solo amor.
Desperté de éste pequeño letargo y nuevamente me encontré
atrapado en las sílabas de tu nombre, en la beldad que suspende mi mente como
vaho de recuerdos como borbotones brotan des los poros
de mi ser,
de mi alma,
de mí,
de muy dentro de mí para decirte como por vez primera nos
cruzamos por aquella vía despoblada que ahora solo crecen la noche triste de un
silencio que vaga en recuerdos.
Atrapados en recuerdos
que atormentaban nuestras almas otra vez quedamos atrapados en sílabas de
poemas que pueblan las páginas blancas de un cuaderno ajado de buen tiempo que
se fueron como aves de invierno en busca de verano.
Aquél verano en que
pasamos como dos aves de un solo nido unidos en dulces sueños que todo queda en
el tiempo.
XX
Tu voz es un desmayo de sílabas
que causan el curso de aguas profundas
sobre las que una floja rama deja tal movimiento
de tus palabras sueltos en el viento
pasmadas al caer hojas tras hojas.
Temes al amor como a la muerte,
él es la muerte misma,
por el nacemos y por el morimos
¡oh mujer, es amarga la muerte!
amo al amor, no al amor.
No ser sensual o sentimental,
yo tengo una virtud de sensatez
de formar esos infinitos
en una duración de tus
recuerdos.
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